El poder de la industria farmacéutica para trasladar la buena ciencia a la realidad del mercado

José Aynat en el escenario de Alhambra Venture. (Elena Balboa)
José Aynat en el escenario de Alhambra Venture. (Elena Balboa)

Para José Aynat los grandes científicos de España no tienen el deseado impacto por como está estructurado el ecosistema y la mentalidad de las personas que toman decisiones

«En 1971 Richard Nixon declaró la guerra al cáncer. Firmó el National Cancer Act con la convicción de que con suficiente dinero y voluntad política la enfermedad podía erradicarse en una década. Cincuenta años después seguimos luchando, pero algo ha cambiado radicalmente. Ya no luchamos solos; la ciencia, el capital, la industria y la colaboración internacional están convergiendo de una manera que no tiene precedentes. Las últimas fronteras en oncología están más cerca que nunca de ser cruzadas». De esta forma introducía la presentadora Helena de Fuentes la ponencia de José Aynat, Harvard Senior Executive Fellow 2025 , un «amigo de Alhambra Venture y un top».

Para basar su exposición aportó datos muy significativos de la posición de España en cuanto a ensayos clínicos, siendo el segundo país del mundo, el primero en Europa y el responsable del 10% de las publicaciones. «Generamos muy buena ciencia y España está llena de grandes científicos». Partiendo de esta «primera historia», trasladó la siguiente pregunta. ¿Como una de los países que es capaz de generar una de las mejores ciencias del mundo no está traduciéndose en la realidad del mercado?. A partir de ahí, hizo una reflexión del impacto de la industria farmacéutica. Cuando está presente en el proceso de desarrollo temprano, multiplica el porcentaje de éxito en un por dos, aumenta la capitalización media en un por tres y aumenta el precio de adquisición final en un por tres».

En su opinión el problema de España radica en como «el ecosistema y la mentalidad de las personas que toman decisiones están estructurados». Existe un problema de acceso, pero también uno de voluntad. En base a ello, incidió en la idea de quien puede hacer «una contribución significativa». Para ello hay que sentarse con personas con voz en la industria farmacéutica, cuya inmensa mayoría se encuentra en Boston. La alternativa, en su opinión, «es gastar diez, veinte años consumiendo recursos, pubicaremos muchos papers, tendrá impacto y sentará muy bien a nuestro ego, pero si no llega al paciente, si no salva vidas, ¿podemos asumir que es buena ciencia?. Solo podemos considerla como tal en función de su contribución a la humanidad, de cuantas vidas salvas y mejoras. Todo lo que no sea eso, «va a hacer que muchos de vosotros que estáis investigando dediquéis una parte importante de vuestras carreras a un candidato que no va hacer ninguna contribución y vuestros inversores iniciales no recuperarán la inversión porque no habrá éxito».

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